jueves, 17 de septiembre de 2020

Impresiones de mi primera visita a Agnone (1996)

Les quiero contar un viaje a los orígenes.

En mi primer viaje a Europa hace muchos años, estábamos parando en la casa de mi cuñada en las afueras de Munich, una ciudad que no constituye  uno de los destinos favoritos de los visitantes al viejo mundo, pero que es imperdible y además, está en un punto central cerca de miles de otras atracciones tanto en Alemania como en países vecinos.

Desde ese punto, hacíamos viajes hacia otros destinos, que a veces eran ida y vuelta en el día y en otros casos de varios días. Uno de esos viajes tuvo como destino Italia, lugar de nacimiento de más del 50% de mis ancestros. Visitamos Roma y Florencia, pero entre ambas visitas a esas monumentales ciudades fuimos a conocer Agnone, ciudad donde nacieron mis abuelos paternos, fuera de cualquier circuito turístico tradicional

Desde Roma, tomamos en Estación Termini un pequeño tren regional de 2 o 3 vagones que nos llevó hasta la ciudad de Isernia, en la región del Molise. El viaje duró aproximadamente dos horas. Isernia es la capital de la provincia del mismo nombre, a la cual pertenece Agnone. Es una pequeña ciudad de algo más de 20.000 habitantes con construcciones bastante modernas, debido a que fue fuertemente bombardeada durante la segunda guerra mundial. Allí, en la misma estación del tren tuvimos que esperar un micro. Luego nos enteramos que hasta la década del 40 el tren sí llegaba a Agnone.

Esperamos algo así como una hora, donde comenzamos a ver gente muy diferente a la que habíamos visto Roma. En este caso la gente tenía un aspecto más provinciano, más pueblerino y eran casi todas personas mayores. El micro llegó puntualmente y luego de 45 minutos  de un camino empinado y con muchas curvas llegamos a Agnone cuando ya había anochecido, dado que era diciembre y los días son notablemente más cortos que en nuestro invierno. El micro nos dejó justo por suerte en una plaza céntrica frente al Albergo Italia, que era el lugar recomendado por parientes argentinos para alojarnos.

Luego de hacer la registración en el hotel, salimos rápidamente a comprar algo para comer dado que notamos que los comercios empezaban a cerrar (de hecho cierran casi todos a las 8 de la noche) e ingresamos a una pequeña almacén donde quien atendía, con un guardapolvo blanco como si fuera un farmacéutico, nos examinó detenidamente. Cuando en nuestro limitado italiano con mi esposa le pedimos algunas cosas, sin prestar mucha atención a eso nos preguntó de donde veníamos. Cuando le dijimos Argentina, nos preguntó nuevamente, bastante serio, si éramos de Buenos Aires o de Mendoza. Al responder Buenos Aires, preguntó ahora un poco más animado por qué estábamos ahí. Al decirle que Agnone era la ciudad de origen de mis abuelos paternos, con una gran sonrisa me dijo "entonces tu eres de acá" y nos preguntó que queríamos llevar. Fue muy fuerte que me reconociera como uno de ellos.

Volvimos al hotel en medio de una ciudad desierta pero totalmente decorada por motivos navideños, muy colorida y luminosa, preparándose obviamente para las fiestas.

Mi familia argentina había enviado una carta a nuestra familia residente allá, indicando que íbamos a ir. Asimismo, yo tenía una dirección y un número de teléfono. Al preguntar a la gente del hotel por esa dirección, manifestaron no conocerla. Raro en un pueblo de 5.000 habitantes, pensamos. Le pedí el teléfono fijo y llamé. Lamentablemente la persona que atendió no me entendió, tras lo cual la mujer del hotel tomó el teléfono y trató de hacerles entender que yo era su sobrino. Parecieron discutir telefónicamente, tras lo cual cortó y me dijo "mañana tu tío vendrá a verte a las 9 de la mañana".

Puntualmente al otro día la persona del hotel me despertó y al bajar me encontré con una persona mayor, quien me saludó fríamente y me pidió que le explicara como es que yo era pariente suyo.

Ahí extraje mi as de la manga y le mostré una vieja foto color sepia. La miró, me  miró y quedó mudo, sorprendido. Le señalé una persona y le pregunté quien era. Me dijo "mi abuela". Le señalé a otra de las mujeres de la foto y me miró y me dijo "mi madre". Al señalar a otra persona me dijo "esa es mi tía que se fue a la Argentina", a lo cual le contesté "esa es mi abuela", tras lo cual se alegró y me dijo "vos sos el nieto de la Bambina" (tal era el nombre de mi abuela), cambió su actitud, me dio un fuerte abrazo y me dijo "vamos a comer a casa". Luego de acompañarlo por algunos comercios, subimos a su auto y salimos del pueblo. Ahí comprendimos que lo que nosotros creímos que era el nombre de una calle, era el nombre de un paraje a 4 o 5 km del pueblo, un caserío de unas 10 casas, por eso la señora del hotel no lo conocía. Ahí vivía mi familia.

Agnone está aproximadamente a 800 metros sobre el nivel del mar, cerca tanto de Nápoles como de Roma, en los montes Apeninos, que hacen las veces de columna vertebral de Italia. Dado el florecimiento cultural desde la Edad Media hasta el siglo XIX (donde aconteció un pronunciado desarrollo educativo), la ciudad de Agnone es apodada "la Atenas del Sannio" o Ciudad de Arte.

El paisaje que vimos de día fue muy hermoso, la zona que rodea a Agnone está dominada por muy suaves colinas de color verde y en algunos lugares ya se podía ver nieve.

Ya en la casa de mi familia, una granja que combinaba la agricultura con la cría de algunos animales y la elaboración de productos alimenticios para consumo propio, trajeron una vieja caja que decían los mayores "hay fotos de la Argentina". Mayúscula fue nuestra sorpresa al ver en ese alejado paraje a miles de kms de Buenos Aires fotos que nunca había visto, pero donde se podía ver a mi padre tomando la comunión, a mis padres casándose y fotos de las bodas de todos mis tíos. Fue un momento muy fuerte y emocionante. Antes de irnos, llegó el cartero y le entregó a mi familia una carta de mi tía de Buenos Aires avisándoles que íbamos a ir. Parecía una escena de una película italiana y todos nos reímos bastante con eso.

Pocos años después pude volver a Agnone y recorrerla con más tiempo. La ciudad se sitúa en la cima de una colina como si fuera una fortaleza, con vistas espectaculares. Las construcciones son muy antiguas pero al mismo tiempo están muy bien conservadas, en tonos ocres, amarillos y terracotas, se ve mucha piedra en todas las construcciones. La emigración de 150 años ha dejado una ciudad de solo 5.000 habitantes cuando supo tener 12.000. Hoy los jóvenes emigran a las grandes ciudades italianas o al norte de Europa. 

Mi abuelo contaba que había 13 iglesias, pero vimos una en construcción, por lo cual pensamos que en realidad hay 14, algunas muy hermosas y con portales monumentales, como San Emidio o San Marco Evangelista, donde fue bautizada mi abuela. Tuvimos la oportunidad de ingresar a una de las iglesias durante un servicio religioso, donde solo había 5 o 6 mujeres mayores, todas vestidas de estricto luto negro.

Como atractivo turístico principal podemos destacar la fábrica de campanas Marinelli, llamada Pontificia Fondería Marinelli. No solo es la fábrica de campanas más antigua del mundo sino que dicen que es la empresa más antigua de Europa. Su actividad data desde el año 1000 aproximadamente. En la fábrica hay un museo muy moderno que refleja su actividad e historia.

Hoy en día no hace falta cartero para comunicarnos Agnone. Con los más jóvenes de la familia nos mandamos mensajes de whatsapp y facebook con frecuencia, deseando tanto ellos como nosotros el próximo encuentro.

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